LA MENTIRA QUE CAMBIO LA SALUD DE LA HUMANIDAD

Las Guías Dietéticas de 1977 no nacieron de la ciencia. Nacieron de la política, de la prisa y del miedo a desaparecer del tablero de poder. Fueron redactadas por un grupo sin formación real en nutrición, con un objetivo tan poco disimulado como preocupante: rescatar la carrera política de un senador en caída libre. Y para ello, no dudaron en convertir a toda una población en sujetos de un experimento nutricional masivo.

El relato oficial fue simple, demasiado simple: que los estadounidenses habían abandonado una supuesta dieta basada en cereales y plantas para pasarse a la carne y la grasa animal, y que ese “error” habría provocado la epidemia de cardiopatía coronaria. A partir de ahí, la solución parecía obvia: invertir el cambio. Menos alimentos animales, más cereales, más granos, más carbohidratos. Y, de paso, prometieron erradicar la obesidad y la diabetes tipo 2 antes de que aparecieran. Una promesa grandilocuente… sin pruebas.

Hoy sabemos que ese relato era falso de raíz. No solo no existían datos sólidos que lo respaldaran en 1977, sino que las décadas posteriores han demostrado justo lo contrario. Cuarenta y cinco años después, las enfermedades que supuestamente iban a prevenirse se han disparado a niveles nunca vistos. Obesidad, diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedad cardiovascular se han convertido en norma, no en excepción.

Este artículo no es una opinión. Es una disección. Página a página, documento a documento, queda expuesto que nunca hubo consenso científico, que las voces críticas fueron silenciadas y que se ignoraron advertencias explícitas de algunos de los mayores expertos en fisiología y metabolismo del momento. Aquí no hay conspiraciones: hay actas, nombres, citas y decisiones políticas perfectamente documentadas.

Si quieres entender por qué comemos como comemos, por qué enferma quien “sigue las recomendaciones”, y cómo se construyó el mayor error nutricional de la historia moderna, este artículo no es opcional. Es incómodo, sí. Pero también es liberador.

Leerlo es recuperar criterio.
Ignorarlo es seguir repitiendo el mismo error.

LA GRAN MENTIRA

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